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Soy María Eugenia Schmuck.
Soy rosarina, radical, concejal y docente.
Soy madre, amiga, esposa, laburante.

Nací en Rosario, en una casa que alquilaban mi papá y mi mamá en calle Santiago entre San Juan y Mendoza. Siempre fui muy activa. Hice voley muchos años, entrenaba en el club Rosarino Estudiantil. De chiquita, además, estudié danza clásica en la Escuela Municipal de Danzas y después ya adolescente en el Club Español. Hubo etapas en donde ensayaba 4 ó 5 horas por día.

A los 16 años me afilié a la Unión Cívica Radical y apenas empecé la facultad de Ciencias Políticas me sumé a Franja Morada, que era el espacio radical desde donde defendimos la universidad pública. Tuve la suerte de formar parte de una generación que se animó a pensar distinto. En esa época éramos pocas mujeres, siempre intenté motivar a otras a que se sumaran.

En la Universidad Nacional de Rosario me formé, conocí a mis hermanos del alma y a mi compañero de la vida, Franco, con quien tuve dos hijos. Fue además donde nació mi amor por la lectura y el debate democrático. Fue donde conocí a Alfonsín, su valentía, su honestidad y su compromiso por el país. 

Apenas terminé mi carrera comencé a dar clases.
La universidad pública es un espacio de diversidad ideológica que permite formar a nuevas generaciones no solo desde lo académico, también buscando transmitir una forma de ver la sociedad y la política.

Como concejal me la pasé pateando la calle, visitando barrios, escuchando a la gente. Fue la capacitación más importante que tuve en mi vida. Desde el Concejo impulsé proyectos para mejorar la seguridad vial, para evitar la explotación de las mujeres, para proteger los derechos de los consumidores, para controlar a las empresas del estado.

Fui elegida tres veces presidenta del Concejo rosarino por mis compañeras y compañeros. Es un lugar que asumo como gran desafío y desde donde trabajo para generar consenso entre las fuerzas. En tiempos de grieta, logramos poner los intereses de los rosarinos por encima de cualquier diferencia política. Estoy orgullosa del diálogo respetuoso entre integrantes de diferentes fuerzas. De esa manera pudimos impulsar iniciativas del gobierno municipal en temas urgentes pero también construimos una agenda de temas prioritarios para la ciudad, atentos a las necesidades de los diferentes barrios.

Uno de los grandes acuerdos logrados fue el que permitió aprobar la ordenanza de alcohol cero al volante. Ya en práctica en Rosario, hoy el país debate su implementación en todo el territorio nacional porque demostró su eficacia en la baja de la siniestralidad vial. Tras un intenso debate entre diferentes fuerzas políticas, logramos también avanzar con un nuevo Código de Convivencia, un hecho inédito que permitió actualizar la normativa y ajustarla a parámetros de las grandes ciudades del mundo. Además, convertimos a Rosario en la primera ciudad argentina con una ordenanza contra el lavado de activos. Esto fue posible gracias a que trabajamos en la unificación de diversos proyectos sobre el tema.

Me dedico a la política porque quiero aportar un granito de arena y mejorar la vida de todos. No voy a dormir tranquila si sé que a alguien le falta un techo porque yo lo tengo. ¿Cómo voy a mirar para el costado, cómo no voy a hacer lo que esté a mi alcance para que todos estemos mejor?